José de Carrillo Royalty advierte: la velocidad de la tokenización podría tensionar un sistema que aún no está preparado para absorberla

José de Carrillo Royalty advierte: la velocidad de la tokenización podría tensionar un sistema que aún no está preparado para absorberla

La innovación financiera rara vez se presenta como riesgo. Se presenta como eficiencia.

La tokenización de activos tradicionales ha sido posicionada bajo ese mismo marco: menor fricción, mayor velocidad, acceso ampliado. Sin embargo, en un documento publicado la primera semana de abril de 2026, el FMI ofrece una lectura menos complaciente. Tobias Adrian, consejero financiero del Fondo, argumenta que la tokenización constituye un cambio estructural en la arquitectura financiera, no una mejora marginal de eficiencia.

El argumento no es técnico. Es estructural.

En palabras del propio Adrian: la liquidación atómica y la mayor transparencia reducen algunos riesgos tradicionales, pero la velocidad y la automatización introducen nuevas vulnerabilidades. Los eventos de estrés probablemente se desarrollarán más rápido, dejando menos tiempo para intervención discrecional.

Al digitalizar activos y permitir su transacción casi instantánea, se eliminan capas intermedias que históricamente han actuado, de forma imperfecta pero real, como amortiguadores del sistema. Las ventanas tradicionales de liquidación de dos días le dan a los bancos centrales tiempo para movilizar liquidez, compensar exposiciones bilaterales e intervenir antes de que las transacciones sean definitivas. Los sistemas tokenizados eliminan esas ventanas por diseño, y los llamados de margen automatizados y los bucles de retroalimentación algorítmica comprimen el tiempo restante para la intervención humana a casi cero.

El paralelismo con la crisis de 2008 no es casual. La securitización en la primera década del siglo reempaquetó hipotecas en instrumentos negociables que parecían distribuir el riesgo ampliamente, hasta que la opacidad, el apalancamiento y la interconexión oculta amplificaron una corrección inmobiliaria hasta convertirla en una crisis global. La tokenización tiene ecos estructurales similares: los activos se redefinen, se redistribuyen entre nuevos tenedores y se vinculan a través de contratos inteligentes automatizados cuyas exposiciones a contrapartes son difíciles de mapear de antemano.

El FMI identifica tres canales de riesgo concretos. Primero, la fragmentación y falta de interoperabilidad entre plataformas tokenizadas. Segundo, la inestabilidad financiera derivada de los llamados de margen automatizados, la liquidación continua y los bucles de retroalimentación algorítmica que reducen el tiempo disponible para intervención durante el estrés. Tercero, los conflictos transfronterizos, dado que las transacciones tokenizadas se mueven a través de múltiples jurisdicciones mientras los mecanismos de resolución de disputas siguen siendo mayormente nacionales.

La escala del fenómeno ya es relevante. Los activos tokenizados del mundo real han alcanzado aproximadamente 27.5 mil millones de dólares en valor distribuido en cadena, y el sector ha crecido un 66% desde el inicio de 2026. Al mismo tiempo, el volumen de transacciones de stablecoins alcanzó 1.8 billones de dólares mensuales a principios de 2026, lo que significa que incluso una pérdida parcial de confianza podría transmitir estrés hacia los canales bancarios tradicionales sin ningún mecanismo de freno disponible.

“La tokenización está desplazando el punto donde reside la confianza en el sistema financiero. El riesgo no está en la tecnología, sino en la velocidad con la que puede tensionar un sistema que aún no está preparado para absorberla. Para el inversionista patrimonial, no se trata de evitarla, sino de entenderla con distancia: no todo lo que mejora el acceso fortalece la estructura, y no toda eficiencia reduce el riesgo.” José Falcone, Asesor de Inversiones, Carrillo Royalty

Desde una perspectiva de asignación de capital, este contexto revaloriza algo que durante años fue considerado menos atractivo: la estructura. Activos con respaldo tangible, marcos legales claros y menor dependencia de infraestructuras tecnológicas emergentes adquieren un nuevo rol. No como refugio pasivo, sino como contrapeso dentro de un sistema que tiende a acelerarse.

Adrian desafió directamente el principio de que el código es la ley, argumentando que en instituciones sistémicamente importantes, los mandatos legales de estabilidad deben prevalecer sobre la ejecución automatizada, y llamó a que los contratos inteligentes en infraestructuras críticas incluyan mecanismos de anulación predefinidos para condiciones de emergencia.

La tokenización no es, en sí misma, el problema. Pero sí redefine el terreno sobre el cual se toman decisiones de inversión. Y en ese terreno, el diferencial vuelve a ser el mismo que en cada transición relevante del mercado: no quién accede primero, sino quién entiende mejor las implicancias antes de que se vuelvan evidentes.